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UN TRABAJO COTIDIANO

  En la pequeña habitación una mesa redonda de madera rodeada por cuatro sillas está en silencio esperando en solitario el fin del día. La puerta de sapelli con un pomo dorado se halla entornada y la ventana situada en un pequeño testero lateral emite por sus rendijas el sonido del patio de vecinos. Una débil luz se refleja en el cristal del tablero y apenas permite ver el pañito de crochet que viste la mesa. En la pared lateral la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro observa con indiferencia la habitación.   La mano de Juan agarra con fuerza el pomo frio y abre pausadamente la puerta emitiendo un leve y viejo chirrido. El olor a pólvora que arrastra invade el pequeño cuarto y el sonido del revolver al depositarse en la mesa silencia el escenario. Saca un paquete de Ducados y pone un cigarro en la comisura de sus labios mientras Pedro entra de una forma airada en el cuarto. —Acabo de llegar —dice Juan. —No te guardes la cajetilla y dame un cigarro —responde Pedr...

Por qué escribo

  No existe una única respuesta para algunas preguntas, al igual que nunca un solo motivo ocasiona un hecho. Posiblemente esta tartamudez mía que el tiempo ha ido menguando fuese el cimiento de la afición a plasmar sobre un folio en blanco todo aquello que me costaba tanto decir mediante el habla. Sentir la fluidez de la palabra escrita en contraposición de la infranqueable consonante que se resistía a ser pronunciada era para mí un aliciente para escribir. Nunca fue mi pretensión escribir un libro, no obstante, con trece años y ayudado por mi hermano que, por aquel tiempo hacia manualidades de encuadernación en su colegio, reuní unas cuartillas escritas de pueriles poemas y hábilmente las encuadernamos en un pequeño libro con pastas verdes. Recuerdo que era un libro sobre amores platónicos y reivindicaciones sociales y políticas. <<compañero chileno, joven y ansioso de libertad como yo>>decía uno de aquellos poemas escritos solo con ideales y pasión, en años ...

Heroina

  Conoció su gran amor, dejó de comer, abandonó familia y amigos. Mientras, ella viajaba por sus venas alimentándose de sus sueños.

Punto Final

  —¿Dónde están todos?   — preguntó. Se incorporó y observó su cuerpo rígido sobre la cama, buscó la gran luz y solo encontró el más oscuro de los silencios.

Un rutinario camino

  Un rutinario camino. Casi todas las tardes visito a mi madre. La distancia es larga desde mi casa para ir caminando, pero aparcar en la barriada Sixto es una tarea complicada. Son las cinco y media y el sol cada día está más alto. Casi por inercia, realizo el mismo recorrido y veo casi a la misma gente. Los vendedores de la ONCE están apostados estratégicamente cada trescientos o cuatrocientos metros, con su uniforme verde y un estand de diferentes cupones con fecha de caducidad. En calle la Hoz, suelo coincidir con niños con el chándal del At. Juval camino de su entrenamiento, parejas de ancianos que salen de la iglesia de San Patricio y mujeres de edad que sacan de paseo a sus perros. El muñeco verde del semáforo me da vía libre en mi camino. Las baldosas grises de la acera cambian a blancas y rojas sin una frontera concreta. Al llegar a Isla Cristina comienza un barrio antiguo, << 25 años de paz>> , bloques de tres y cuatro plantas y pequeños jardines, con...

UN ALETEO SILENCIOSO

  Era un hombre ya cercano a los cuarenta años, y a pesar de su extrema delgadez no indicaba debilidad alguna. Por el contrario, se movía con un constante nerviosismo, como si cada fibra de su cuerpo estuviera siempre en alerta. Con facciones marcadas, afiladas como si hubieran sido esculpidas con la precisión de un buril, dotándole de un semblante severo y definido. Su vida necesitaba encajar en los cánones sociales de su entorno. Vivir en su pueblo implicaba respetar ciertas normas no escritas, y la soltería prolongada era considerada como una anomalía capaz de suscitar rumores y comentarios hirientes. Así, sentía que el tiempo jugaba en su contra: a sus treinta y nueve años, lo normal era haber formado ya una familia, para colmo, sus movimientos amanerados motivaban la especulación entre los vecinos. Ejercía el puesto de cartero recorriendo calle arriba y calle abajo. Este trabajo le convertía en un discreto testigo de las pequeñas historias cotidianas de sus vecinos, presencian...

INFINITOS UNIVERSOS

  Una ligera brisa recorre mi piel, agita el mar y percibo el olor de la espuma blanquecina que es movida por las olas. Estoy sentada en la postura de flor de loto, mi cuerpo se hunde lentamente en una arena fina y percibo los tímidos rayos del sol que van abandonando de una manera pausada mi rostro. Junto a mí, Teo apoya su cabeza en mis piernas y extiende sus peludas patas sobre mis pantorrillas, el murmullo de su respiración me hace sentir segura. El sonido de las olas rompe en la orilla y me transmite una paz profunda y oscura, que cobijo en silencio y acalla de mi mente el constante zumbido que vive en mi cabeza, sumergiéndola en una deseada calma. El sol se hunde en el mar, un viento frio me saca del trance y me devuelve de una manera cruel a la realidad de la arena pegada en mis manos. Como cada día y de una manera rutinaria, Teo emprende camino de regreso a casa y yo de una forma generosa me dejo llevar guiada por su instinto y por la fuerza con la que tira de su correa. El...