UN TRABAJO COTIDIANO
En la pequeña habitación una mesa redonda de madera rodeada por cuatro sillas está en silencio esperando en solitario el fin del día. La puerta de sapelli con un pomo dorado se halla entornada y la ventana situada en un pequeño testero lateral emite por sus rendijas el sonido del patio de vecinos. Una débil luz se refleja en el cristal del tablero y apenas permite ver el pañito de crochet que viste la mesa. En la pared lateral la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro observa con indiferencia la habitación. La mano de Juan agarra con fuerza el pomo frio y abre pausadamente la puerta emitiendo un leve y viejo chirrido. El olor a pólvora que arrastra invade el pequeño cuarto y el sonido del revolver al depositarse en la mesa silencia el escenario. Saca un paquete de Ducados y pone un cigarro en la comisura de sus labios mientras Pedro entra de una forma airada en el cuarto. —Acabo de llegar —dice Juan. —No te guardes la cajetilla y dame un cigarro —responde Pedr...